Primer NAS
Una primera carcasa NAS, elegida por bahías antes que por terabytes
La carcasa es una decisión a cinco años y las unidades de dentro no lo son, y por eso el número de bahías merece más reflexión que la capacidad. La segunda decisión es el programa, porque es lo que usarás de verdad cada semana, y la tercera es tener claro para qué sirve la redundancia de esta caja.
Por Jean-Benoit Buisson
Elige primero el número de bahías, porque es la parte que no puedes cambiar
La capacidad se puede revisar en cualquier momento comprando una unidad mayor. El número de bahías no: añadir una bahía significa una carcasa nueva y una migración, y las migraciones son el trabajo al que nadie se ofrece.
Una bahía es un sitio donde poner archivos, y cualquier pregunta sobre protección vive por completo fuera de la caja.
Dos bahías pueden llevar dos volúmenes independientes o un volumen en espejo, que da la capacidad de una unidad y mantiene el volumen legible cuando falla la otra.
Cuatro bahías en adelante es donde la redundancia distribuida empieza a tener sentido, porque renunciar a la capacidad de una unidad cuesta proporcionalmente menos cuantas más unidades haya. Es también donde la unidad se vuelve audible.
Cuando la carcasa lo permita, cómprala vacía y ve llenándola con el tiempo. Una bahía libre es un camino de mejora; una unidad llena el día que llega es una migración con fecha puesta.
Sé exacto sobre para qué sirve la redundancia
Este es el punto en el que el sitio no se anda con rodeos.
Un nivel de redundancia compra continuidad: el volumen sobrevive al fallo de una unidad, y sustituyes esa unidad sin parar. Eso vale la pena y es lo que la función se diseñó para entregar.
No hace nada ante los sucesos que alcanzan a todas las unidades a la vez: un archivo borrado, una carpeta sobrescrita por una aplicación o por una sincronización que corre en el sentido equivocado, un programa que cifra lo que tu cuenta alcanza, un incidente eléctrico, un robo, un incendio. Tampoco ayuda si la propia carcasa falla de una manera que deje el conjunto ilegible fuera de esa máquina.
Así que la carcasa y las copias son dos compras, no una. Lo que la carcasa sí puede aportar a la segunda son las instantáneas o el control de versiones de archivo, que conservan estados anteriores de un archivo y son la función que recupera algo sobrescrito. Comprueba si la carcasa las ofrece, hasta dónde llegan hacia atrás y cuánto espacio necesitan.
El programa es aquello en lo que vas a vivir
Dos carcasas con material idéntico son productos distintos si su programa difiere, y para un primer NAS el programa es la mayor parte de la experiencia.
Mira cómo se crean recursos compartidos y usuarios, porque una casa con varias personas necesita más de una cuenta y una manera sensata de decidir quién ve qué. Mira las aplicaciones móviles y de escritorio, en particular si las fotografías de los teléfonos pueden entrar solas, ya que ese es el trabajo que convierte una carcasa de curiosidad en infraestructura.
Mira las instantáneas, lo que el fabricante publica sobre su política de actualizaciones, y si la unidad puede copiarse a otro sitio con un calendario —una unidad externa, otra carcasa, un servicio remoto— porque ese es el mecanismo que usará tu rutina de copias.
Y mira qué pasa si la carcasa muere: si las unidades pueden leerse en otro aparato de la misma familia, y qué documenta el fabricante al respecto.
Puertos, procesadores y el techo de una transferencia
El puerto de red es el techo de todo lo que la carcasa sirve. Un puerto gigabit es el caso corriente y atiende a una casa con holgura; un puerto más rápido importa cuando la máquina del otro extremo también puede aprovecharlo, y cuando las unidades de dentro pueden sostenerlo.
El procesador y la memoria deciden lo que la unidad puede hacer más allá de servir archivos: varias personas a la vez, contenidos tratados al vuelo, contenedores o aplicaciones. Un primer NAS usado como almacenamiento compartido les pide muy poco; un primer NAS que acaba siendo el sistema de contenidos de una casa les pide muchísimo.
La ampliación merece un vistazo: un zócalo para una tarjeta de estado sólido que sostenga la parte pequeña y ocupada de la carga, o un puerto externo para un destino de copia.
El ruido y el calor deciden dónde puede estar
Una carcasa de varias bahías con unidades mecánicas hace ruido: un ventilador, y las propias unidades buscando. En un armario o en un lavadero eso da igual. En un dormitorio o en un despacho es la especificación que lamentarás haber ignorado.
Lee lo que el fabricante publica sobre el ventilador, y sobre la holgura que la unidad necesita alrededor. Elige después una posición que cumpla la holgura y no una que cumpla con los muebles.
La capacidad, al final, y en la unidad del fabricante
Una vez decididas las bahías, el tamaño de la unidad es la parte fácil. Compra para la colección más el crecimiento, deja margen de verdad en vez de planear tener las unidades casi llenas, y recuerda que una máquina que muestra en unidades de 1024 enseñará una cifra distinta de la impresa en la unidad. Las dos describen el mismo material; compara unidades en una sola unidad de medida y planifica con la cifra del propio fabricante.